Todo empieza con el click de tu cámara y un fugaz flash que lo ciega todo. El instante en que detienes el tiempo para capturar eternamente el momento más bello. Acabas de hacer una fotografía. De repente, te reconozco.
He empezado la mañana comprando el periódico, como siempre, para que pueda leerlo mi padre, y antes de volver a casa hoy, he decidido ir al parque. En el pasado venía a menudo con mis amigos. Ya no. Ahora voy solo. Necesito airearme cuando las cosas no me van bien, y ha sido una semana para olvidar.
Últimamente todo me sale mal, pero siempre está ahí el parque. Es mi rincón favorito de Madrid. Me hechiza y no puedo evitarlo, es casi una obligación estar aquí, pero vengo menos que antes. Los tiempos cambian.
Te has cruzado conmigo hace un rato, buscando algo para inmortalizar. Ni me has mirado. He pensado que te había visto antes, sin saber cuándo ni cómo, pero no le he dado importancia. Ahora, de repente, casi sin querer, soy testigo del momento mágico, y sé quién eres.
El dichoso flash despierta mis recuerdos. Estás cerca, te miro fijamente, pero sigues concentrada en tu objetivo. Han pasado un par de años, pero eres tú. No hay duda. Hay cosas que no cambian. Siempre esa cámara a cuestas, tu seña de identidad, y tú, a punto para usarla.
Recuerdo haberte visto tiempo atrás, aquí mismo. Siempre cámara en mano. Apenas eras una adolescente pero ya llamabas la atención. Yo iba con mis amigos, y solía verte yendo de un lado a otro, ilusionada con tu afición, siempre sonriente. Te veía con curiosidad, y hasta podría asegurar que estoy en alguna de las instantáneas que hacías en aquellos tiempos. Muchas semanas nuestros caminos se cruzaban, pero nunca pararon en el mismo momento.
Con el tiempo dejé de venir, me centré en los estudios y apenas dispuse de tiempo libre, y el que tuve ya no lo pasé aquí. Fui olvidando los momentos que había vivido en el parque, pero nunca pude olvidarte del todo. Siempre fuiste aquella joven que disfrutaba de su libertad.
Ahora vuelvo a estar aquí, recuperando el tiempo perdido. Me arrepiento de no haberle sido más fiel al parque. Mi parque, nuestro parque. El de siempre. Sigue conservando su encanto aunque el tiempo no perdona.
Decido sentarme en un banco y cojo el periódico mientras contemplo tus movimientos. Ojeo los titulares, sin leer absolutamente nada, ahora no me importa. De repente pasas por delante, apresurada. Te sigo con la mirada. En mis recuerdos ya luces esa larga melena rubia, tu otro gran distintivo, sin embargo, lo que hoy me llama más la atención son esos ojos, brillantes, llenos de vitalidad, y tu sonrisa, algo fría. Me hipnotizan.
Sigues con tu pasión, nada más importa ahora. Buscas los instantes más bellos para convertirlos en inmortalidad. Seguro que lo consigues a menudo. No estás lejos, en tu foto puedo ser una sombra lejana.
Te admiro en silencio, para no distraer tu atención. La fugacidad de los instantes mágicos que capturas con tu máquina requiere no alterar tu concentración. Apuntas, disparas. Analizas el resultado, con seriedad. En la distancia, asumo que piensas algo así como: "no está mal, pero la próxima será mejor". Tu reacción me lo confirma. Fijas otra vez tu mirada en el ambiente, buscando otro objetivo. Te relajas. Has visto algo.
Apuntas otra vez. Disparas convencida. Esta vez sí. El resultado te gusta. La mañana ha valido la pena.
Satisfecha, decides tomarte un descanso. Paseas por el parque, hasta saludas a alguien que te debe conocer. Es en esos momentos, totalmente alejados de cualquier inquietud artística, cuando se aprecia mejor tu naturalidad. El trato amable con la gente, esa sonrisa complaciente, los gestos nerviosos... desprendes inseguridad, pero no te escondes. Tu magnetismo es apabullante, y tu vitalidad es contagiosa. Te recuerdo así, y así sigues.
Pasan los minutos y me despisto entre mis pensamientos. Te pierdo de vista. Fruto del nerviosismo, aparecen todos mis tics.Te veo... ¿ o no eres tú? ¡ no puede ser! Estás a mi derecha... pero también a mi izquierda, y a la vez sentada en el césped. En todas las mujeres que se acercan te veo a ti. Los rasgos finos, el pelo rubio, la voz melosa. Siempre eres tú. Ahora sólo soy una marioneta de mis propios sentimientos , que me bloquean por completo.
Respiro hondo, me calmo. Todo vuelve a la normalidad, pero sigo sin verte. Decido que mi mañana está acabando, y guardo las cosas para irme... hasta que te veo aparecer. Esta vez sí, de verdad eres tú. Te observo desde la lejanía, pero te acercas. Tengo el tiempo suficiente para volver a abrir con prisas el periódico y desvío la mirada, por si acaso. Te sientas, en mi mismo banco, como si el azar me quisiera brindar una oportunidad.
El tiempo se para en ese instante en que noto que me miras. Intento seguir a lo mío, pero te oigo reír, levemente. No lo entiendo... ¿Pero qué estoy haciendo? ¡Tengo el periódico al revés!. Rectifico como puedo, pero si es verdad eso de que las primeras impresiones son las que cuentan... no se puede empezar peor.
Ahora debo actuar antes de que sea demasiado tarde. Te miro de reojo. Pareces tensa, como si tuviera que pasar algo. Entre mis dudas veo que tienes los auriculares puestos. Seguramente los has tenido desde que te has sentado. Hasta suena una canción que puedo reconocer. Te debe gustar, le has subido el volumen y mueves los pies suavemente, para no llamar la antención, pero es indudable que estás siguiendo el ritmo. Esa canción dice aquello de " you´re so fucking special", y la verdad, no sabes la razón que llega a tener.
De pronto te suena el móvil y paras la música.
Al poco rato cuelgas, y todo ha cambiado. Tu expresión se vuelve lacónica. Te quitas los auriculares y te centras en la cámara. Revisas las fotos guardadas y me fijo en que todas pertenecen a este parque.
Lentamente, de tus ojos brotan sendas lágrimas que caen hacia tus mejillas. Ni te inmutas, pero reacciono y te ofrezco un pañuelo. Lo aceptas tímidamente y apenas eres capaz de balbucear un "gracias" mientras te secas ambas mejillas.
No te quitas el pañuelo de la cara mientras sigues observando las fotos. De repente, empiezas a llorar desconsolada. Soy incapaz de dejarte así, pero tampoco sé cómo actuar. Casi tartamudeando, y sin saber qué decir, articulo algunas palabras:
-¿Te puedo ayudar en algo?
-No, ya está.
Cuando te noto menos afectada, decido mostrarte mi admiración por las fotos que he visto, y entonces te veo sonreír. Te disculpas por las lágrimas de antes, y me cuentas que le tienes un cariño especial al parque. Todas las fotos reflejan recuerdos que quieres conservar.
Me invitas a repasar algunas de las que has realizado últimamente. Me doy cuenta que, pese a que prefieres los elementos naturales, aparecen también algunas personas anónimas. Con todo, en las fotos no parecen lo que son. En ellas veo almas desnudas por el ojetivo. No dejas nada al azar, sólo hay expresividad y emoción. Es fascinante.
El tiempo se echa encima, y me dices que deberías ir volviendo a casa, justo ahora que empiezo a sentirme cómodo a tu lado.
-Por cierto... no me has dicho tu nombre.
-Eso puede esperar
Y te alejas sonriendo.
Pasan las semanas. Y sin quererlo, sigues en mi cabeza. Mentiría si no dijera que de vez en cuando he pasado por ese parque, atento a ver si veía a la chica de la cámara. Pero eso no ocurrió hasta más adelante.
Me siento y me relajo escuchando música, totalmente ajeno a lo que me rodea. Pasan las horas y en el reproductor empieza a sonar "Creep", esa canción que inevitablemente me recuerda a ti.
Y de repente, ocurre. Me deslumbra un flash. No necesito ver nada, sé qué ha pasado. Aún medio cegado, intuyo una silueta acercándose:
-Marta. Me llamo Marta. Creo que... después de haberte cegado con esto, te has ganado el saber mi nombre.
--------------------------------------------------------------------------
By César =)
No hay comentarios:
Publicar un comentario