No importa lo mucho que juntemos los dedos. Todos sabemos que es inevitable. Al final el agua siempre encuentra la manera de escapar, y sólo la humedad de nuestras manos nos recuerda que una vez estuvo allí.
Algo así debe ser la felicidad. Momentos fugaces que aparecen y desaparecen de nuestras vidas - aunque intentemos retenerlos - pero que siempre dejan una estela.
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